El Estado no participó ni mostró interés en adquirir dos cartas firmadas por José Gervasio Artigas

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El Estado no participó ni mostró interés en adquirir dos cartas firmadas por José Gervasio Artigas escritas en 1816, que fueron rematadas ayer por US$ 9.200 y US$ 3.200 en la casa Castells.

Si bien las cartas del prócer fueron dirigidas a un político que tuvo una cierta relevancia en el proceso histórico que se viviría un año más tarde (la invasión luso-brasileña), la historiadora Ana Ribeiro entendió que fue acertada la decisión del Estado de no pujar por ambos lotes. Por ley, luego de una subasta, el Estado (en este caso el Archivo General de la Nación), puede imponerse igualando la mejor oferta.

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La carta más importante, que se vendió a US$ 9.200, está fechada el 6 de julio de 1816 y en ella Artigas le escribe a Juan José Durán, un político y militar que participó de la Revolución Artiguista, hablándole de los portugueses y su inminente invasión. En ese momento Durán se encontraba negociando con Buenos Ajres para que ayudara a los orientales. Artigas desconfiaba de esa ayuda y le comenta del entusiasmo para la batalla, por más que el enemigo fuera claramente superior.

Las fuerzas luso-brasileñas, al mando de Carlos Federico Lecor, vencerán a Artigas y a sus lugartenientes, ocupando Montevideo el 20 de enero de 1817. La lucha continuará en el medio rural, pero luego de tres años y medio de resistencia, Artigas fue derrotado definitivamente en la batalla de Tacuarembó, que tuvo lugar en enero de 1820. Por ese motivo, debió abandonar el territorio oriental, al cual ya no regresará.

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La otra carta, fechada el 18 de junio de 1816, habla del gobierno de Buenos Aires, de que no estaba teniendo en cuenta el fin común de las provincias unidas. Esta misiva, en excelente estado de conservación al igual que la primera y enmarcada con una cubierta de vidrio, fue vendida en US$ 3.500.

Para un lego, los manuscritos son difíciles de entender. Un antiguo trabajador del Archivo General de la Nación fue invitado por Castells para transcribir los documentos. “Vino varios días porque no se entendía nada”, contó a El País Andrés Castells.

Ambos documentos solo sedujeron a coleccionistas particulares. En ambos casos, los compradores fueron uruguayos. Foto: Marcelo Bonjour
Ambos documentos solo sedujeron a coleccionistas particulares. En ambos casos, los compradores fueron uruguayos. Foto: Marcelo Bonjour

¿Quién las compró?

Ambos documentos -que habían sido vendidos por Gomensoro & Castells en 1954 y que volvieron a manos de la casa de remates por una sucesión- solo sedujeron a coleccionistas particulares. En ambos casos, los compradores fueron uruguayos.

El precio base de cada uno fue de US$ 1.000. En el caso de la que se terminó pagando US$ 9.200, la puja duró cinco minutos. Hubo tres interesados, uno de los cuales negoció por teléfono a través de un empleado de la casa de subastas.

Un representante del coleccionista que terminó pagando los US$ 9.200 dijo a El País que el nuevo poseedor es alguien “muy interesado” en la historia, que tiene documentos similares. “Por suerte se quedó en Uruguay. Eso es lo importante”, destacó.

Pluma y tinta.

Aunque los documentos subastados no serían fundamentales para la historiografía de Artigas, tanto Ribeiro como el investigador Leonardo Borges coincidieron en que no es frecuente que salgan a la venta documentos con la firma del prócer.

Como dato interesante, más allá de los hechos históricos aludidos, en ambas cartas, Artigas se interesa por el estado de salud de Durán y le comenta sobre el suyo propio. “Mi estimado paisano: celebro su restablecimiento. Yo, gracias al cielo, sigo mejorando”, le escribe en una de ellas.

La carta más cara tuvo tres interesados. Uno de ellos pujó por teléfono. Foto: Marcelo Bonjour
La carta más cara tuvo tres interesados. Uno de ellos pujó por teléfono. Foto: Marcelo Bonjour

“Juan José Durán fue artiguista primeramente”, explica Borges. “Formó parte de alguna manera de lo que fue el gobierno económico de Canelones y estuvo en el Congreso de las Tres Cruces. Como nosotros estamos basados en la leyenda dorada de Artigas, no hablamos mucho de ese congreso, que fue más que nada un congreso de hacendados.

Estuvo cuando los porteños entran a Montevideo. Y cuando Artigas es derrotado, pasa a las filas de los portugueses. Hace amistad con Lecor, en lo cual debe haber tenido mucho que ver la masonería. Había dos masonerías: una proporteña y otra promonárquica, por así decirlo. Básicamente lo que él genera y gesta es el Congreso Cisplatino”, agregó el historiador.

Durán también fue uno de los firmantes del llamado “Tratado de la Farola” (1819), por el cual se cedían a Portugal y Brasil todo el actual departamento de Artigas y otros territorios a cambio de un faro que los ocupantes debían construir en la Isla de Flores. Sin dudas, de haberse concretado a cabalidad este acuerdo, hubiera sido el faro más caro del mundo.

Un “fetiche” para quien colecciona objetos

La historiadora Ana Ribeiro relativizó el valor histórico de los documentos vendidos. “En el Archivo General de la Nación se atesoran miles de cartas y documentos como esos. Si estuviéramos frente a un documento en el que se firma algo fundamental, de pronto amerita el interés y la erogación por parte del Estado. Casi diría que comprendo que se haya entendido que no era fundamental para el Estado. No agrega una documentación vital, no es una de las escasas copias existentes de las Instrucciones del año XIII. Juan José Durán tuvo una evolución política como muchos de su época, que comienza con la revolución artiguista; luego tiene un vidrioso acercamiento al Directorio porteño (por eso Artigas desconfía de esa negociación que él le encarga)”, indicó.

“Va a ser rodeado por las fuerzas luso-brasileñas en poco tiempo. Y ese es el momento en el cual se ponen de acuerdo, secretamente, el Directorio porteño con los portugueses para hacer una especie de ‘pinza’ que terminará con la derrota artiguista en el año 1820, pero que ya le quita el dominio de Montevideo a partir de 1817. Durán es uno de los hombres que se pasa a las fuerzas de Lecor en 1817. Este hombre está allí en la bisagra, en el momento de irse como se le fueron un montón”, agregó la investigadora.

“Claro que es un documento interesante, todos los son. Por suerte el Archivo Artigas compendia miles de documentos similares. Para un coleccionista vale un dinero, porque el coleccionista es alguien que hace del objeto histórico una especie de fetiche y que desea tenerlo para sí”, concluyó Ribeiro.